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La política de la salud mental LGBTQIA+:
Hacia una práctica despatologizante e interseccional

por Tomás Ojeda

Quienes trabajamos en el campo de la salud mental y ejercemos nuestro oficio como terapeutas, investigadores, consejerxs e interventores comunitarixs, hemos escuchado más de alguna vez iteraciones diversas de una misma afirmación: las personas LGBTQIA+ experimentan altos índices de ansiedad, depresión y angustia en comparación con la población heterosexual y cisgénero, los cuales se explicarían a partir de los efectos sociales de la discriminación, el desempleo y la violencia escolar, el hetero-cissexismo y la LGBTQIA+-fobia, entre otros.

Décadas de estudios y activismos (Goetz & Keuroghlian, 2024; Barrientos, 2019), así como también más de cincuenta años de acuerdos y consensos al interior de comunidades científicas diversas a nivel internacional, confirman una y otra vez la validez de dicha afirmación y su triste vigencia: pese a los avances en derechos LGBTQIA+, las disparidades en salud, la violencia institucional y las barreras en el acceso a una atención afirmativa y despatologizante siguen ocupando un rol central en los relatos que contamos sobre el bienestar de comunidades minorizadas (Boden-Stuart, McGlynn, Smith, Jones, & Hirani, 2022; Martínez, Tomicic & del Pino, 2019; Zeeman et al. 2018). Si bien los problemas de salud mental afectan tanto a poblaciones cis-heterosexuales como a comunidades sexo-disidentes—en esto el capitalismo y las políticas neoliberales en salud no discriminan—, las razones que explican las desigualdades en salud LGBTQIA+ requieren ser atendidas de manera específica y desde una perspectiva interseccional (Reyes, Mayorga & de Araújo Menezes, 2017).

Sabemos, por ejemplo, que los bajos indicadores en salud se distribuyen de manera desigual entre las personas según su clase social, estatus migratorio, género, edad, nivel educativo, situación de discapacidad y pertenencia territorial (Galaz Valderrama, Cea, Molina, Castro, & Ortega, 2022). Lo anterior complejiza aún más los análisis respecto de los factores que explican las disparidades en salud y nos desafían a mirar el problema no como el resultado de una sumatoria de categorías de diferencia sino en su interacción. Dicho de otra manera, que la persona sea bisexual, trans, intersex, gay, lesbiana o no binaria no basta como explicación a las desigualdades en salud, ya que la sexualidad y el género no son las únicas categorías que importan.

Créditos foto: Tomás Ojeda // Afiche pegado en las calles de Valparaíso con motivo del 8M, Día Internacional de la Mujer.

Asumiendo este desafío, junto a un grupo de profesionales y activistas por la salud mental LGBTQIA+ de Chile y Reino Unido nos reunimos a conversar sobre estos temas e intercambiar conocimientos acerca de nuestra práctica durante marzo y mayo de 2023. Compartimos nuestros temores frente a la hostilidad que percibimos hacia el trabajo que hacemos, y su impacto en la salud mental de las personas que acompañamos; compartimos nuestra frustración frente a los silencios de las disciplinas psi y las violencias que continúan reproduciéndose en su nombre, particularmente contra las personas trans y no binaria; y hablamos también de las alegrías y los aprendizajes que hemos adquirido en diálogo con las comunidades con las que trabajamos. Quisimos escribir sobre esto a través de un reporte, y en esta columna me interesa compartir algunos de los principales hallazgos y posibles respuestas al problema de las disparidades en salud, centrándome específicamente en los principios que orientan nuestro trabajo y el lugar de ‘la política’ en la práctica en salud mental.

El proyecto de investigación:
Intercambio de conocimientos sobre salud mental LGBTQIA+

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan lxs profesionales de la salud mental cuando trabajan con personas LGBTQIA+? ¿Qué significa para nosotrxs trabajar desde un enfoque despatologizante y afirmativo? ¿Qué contextos sociopolíticos, culturales, económicos e institucionales hay que tener en cuenta a la hora de plantearse este trabajo? ¿Cómo construimos redes de solidaridad para resistir los ataques, pánicos y ansiedades de género que se han ido articulando contra la atención de salud afirmativa?

Estas y otras preguntas inspiraron la realización de tres Talleres de Intercambio de Conocimientos en el marco de mi proyecto postdoctoral “The Multiple Lives of Sexual and Gender Diversity in the Psy Disciplines”, con el apoyo del Economic and Social Research Council y de la South Coast Doctoral Training Partnership. Los encuentros contaron con la participación de un grupo de quince profesionales de la salud mental de las ciudades de Valparaíso, Concepción y Santiago (Chile), y Brighton y Hove (Reino Unido), con el fin de intercambiar conocimientos sobre la salud mental LGBTQIA+ y aprender sobre el estado de las políticas de salud de ambos países.

A través de la metodología de intercambio de conocimientos, quisimos comprender qué significa y qué hace un enfoque despatologizante, de reparación, afirmativo e interseccional a la salud mental LGBTQIA+, atendiendo específicamente a los saberes y prácticas que provienen de espacios activistas y académicos, así como aquellos que surgen desde nuestras vivencias como terapeutas, activistas e investigadorxs—quienes a su vez, en su mayoría, formamos parte de la misma comunidad con la que trabajamos.

Despatologización, reparación, afirmación e interseccionalidad:

Durante nuestras conversaciones nos dimos cuenta de que muchos de estos enfoques los damos por sentado. Por ejemplo, resulta muy común escuchar que si trabajamos con personas LGBTQIA+, por supuesto que lo hacemos desde una perspectiva despatologizante e interseccional. Y esto muchas veces lo repetimos sin mayor reflexividad; algunas veces, incluso, como slogans para certificar nuestras credenciales progresistas o como meros descriptores del trabajo que hacemos. El problema es que al hacerlo de esta manera arriesgamos despolitizar y/o domesticar el potencial transformador que tienen estos conceptos, la historia del activismo por la despatologización, y las luchas y resistencias que han permitido trabajar desde posiciones afirmativas e interseccionales en el presente. Por lo mismo es que quisimos hablar sobre estos enfoques y ver cómo nuestras propias comprensiones sobre la despatologización y otros conceptos cambiaban a partir del encuentro con otras definiciones y contextos.

Para nosotrxs, un trabajo en salud mental que pretende ser transformador de las estructuras opresivas que contribuyen al malestar en salud, no sólo debe poner en el centro la despatologización, sino también la afirmación, interseccionalidad y reparación como ejes orientadores de nuestra praxis; ojalá todos juntos, no por separado ni de manera aislada, aun cuando todavía nos resulte difícil hacerlo o nos encontremos con resistencias dentro de las instituciones en las que trabajamos—por ejemplo, cuando nos dicen: sí a la despatologización de la homosexualidad pero no a la prohibición de las ‘terapias’ de conversión trans; sí a que hablemos de interseccionalidad pero no a que revisemos nuestro privilegio racial y sesgos capacitistas.

El trabajo articulado de estos cuatro ejes debe estar en el horizonte de nuestro oficio e intervención social-comunitaria. No sólo como declaración de principios, sino como herramientas al servicio de la acción y la liberación.

¿Qué ideas aparecieron en nuestros intercambios? ¿Cómo entendemos estos enfoques y principios? A continuación propongo una síntesis de la discusión que se encuentra en nuestro reporte:

  • Despatologización: principio que reconoce a las sexualidades y géneros no normativos como variantes normales de la sexualidad y el género, promoviendo una mirada inclusiva de la diversidad humana y respetuosa de la autonomía corporal de las personas. La despatologización desafía el poder que históricamente han tenido las disciplinas psi y médicas en tanto guardianas (gatekeepers) de la existencia de las personas, cuestionando sus pretensiones diagnósticas y de certificación de nuestra identidad.
  • Reparación: la reparación pone en acto medidas concretas de corrección y no repetición a los daños históricos, abusos y violaciones a los derechos humanos infligidos a grupos minorizados a través de leyes que criminalizan nuestras existencias, a través de intervenciones médicas y psicológicas abusivas y no consentidas (ej. mutilación genital a personas intersex, prácticas de conversión), y a través de la violencia policial y estatal (ej. dictadura cívico-militar y estallido social chileno).
  • Afirmación: aproximación al trabajo en salud que reconoce, celebra y valora las diversas identidades y expresiones de género, orientaciones sexuales y/o románticas fuera de un marco patologizante. Reconoce el derecho de las personas a explorar su género en sus propios términos y tiempos, dejando fuera las expectativas respecto de un resultado o destino ideal. Un enfoque afirmativo reconoce los riesgos asociados con desafirmar la identidad y expresión de género, además del impacto negativo que tienen los mensajes que insisten en que el género debe conformarse con el asignado al nacer.
  • Interseccionalidad: herramienta crítica que permite dar cuenta de las formas en que las estructuras de poder (ej. el capitalismo racial, el capacitismo y cis-heteropatriarcado) se entrecruzan y moldean las experiencias de estrés, opresión y acceso a la salud de las personas. Una aproximación interseccional a la salud mental nos permite establecer alianzas de solidaridad y coaliciones entre distintas luchas y cuestionar el mito de que los derechos de un grupo corren a expensas de otros. Desde ahí es que afirmamos que promover la salud mental LGBTQIA+ no debiese entenderse como una agenda identitaria ni como política de nicho, sino que al contrario, como una causa común en pro de la justicia social, el cuidado y la lucha contra todas las violencias y la atomización de nuestras causas. 
Créditos foto: Tomás Ojeda // Cartel en apoyo de la salud trans en el ‘Orgullo Trans’ de Londres de 2023.

“Lo personal es político” – en las calles, las instituciones y en nuestras consultas!

Además de conversar sobre los principios que orientan nuestro trabajo, hablamos también sobre los contextos en los que trabajamos y las condiciones socio-políticas y territoriales que marcan las experiencias de salud y enfermedad de las personas. Al traer al centro los determinantes sociales y políticos que marcan las trayectorias de vida de quienes acompañamos, inevitablemente surgen algunas preguntas; incómodas, pero urgentes e inevitables:

  • ¿Qué significa hablar sobre salud mental LGBTQIA+ en un contexto donde el negacionismo y la relativización de crímenes de lesa humanidad acontecidos durante la dictadura cívico-militar chilena marcaron la conmemoración de sus cincuenta años el año 2023; donde las víctimas de trauma ocular y de violencia policial durante el estallido social de 2019 aún no obtienen justicia ni reparación?
  • ¿Qué significa trabajar bajo un enfoque despatologizante y afirmativo en un contexto como el de Reino Unido donde, recientemente, se condicionaba la posibilidad de prohibir las prácticas de conversión sólo en razón de la orientación sexual y no así respecto de la identidad de género; donde una adolescente de dieciséis años, Brianna Ghey, fue apuñalda hasta su muerte y cuyo crimen fue motivado, en parte, por la transfobia?

Sabemos, porque nos lo han dicho, que ‘la política’ no es muy bienvenida en las instituciones donde trabajamos; que cuando denunciamos al racismo o la violencia LGBTQIA+-fóbica en nuestra disciplina, o cuando citamos el trabajo que hacen colectivos y agrupaciones de derechos humanos se nos tilda de ‘activistas’, como si fuese algo malo, como si con ello quedara comprometida nuestra ‘neutralidad’ profesional. Y lo cierto es que aun cuando nuestras experiencias con el activismo y la política sean distintas, el trabajo que hacemos tiene un horizonte claro y decidido en pro de la justicia social, el feminismo inclusivo, la igualdad de género y el rigor científico, lo cual reivindicamos como político. Y en eso somos ‘activxs’, no neutrxs; activxs a la hora de denunciar los efectos de la violencia trans-odiante, la discriminación y deshumanización de las personas. Se trata también de nuestras vidas y los compromisos que hemos adquirido con las comunidades con las que trabajamos, los cuales van más allá de nuestras consultas y lugares de trabajo extendiéndose hacia las calles cuando marchamos por el día del orgullo, o conmemoramos el día internacional contra la homo, bi y transfobia.

Si bien los desafíos de nuestro trabajo son muchos, algo que aprendimos a través de los talleres es que no podemos hacerlo solxs, que la conversación tiene un potencial transformador y que el trabajo en alianzas y coaliciones junto a otras organizaciones es tremendamente potente. Les invitamos a leer el reporte y compartir el material con sus redes más amplias, aportando desde nuestras experiencias a la erradicación de las desigualdades y violencias en la atención en salud.

Santiago, Chile – 28 de marzo, 2024

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Link de descarga del reporte

Ojeda, T., Boden-Stuart, Z., Bühring, V., Creedon, H., Jones, H., Méndez Contreras, J., … Salinas Mejías, P. (2023). Salud mental LGBTQIA+ en Chile y Reino Unido: Despatologización, afirmación e interseccionalidad en la experiencia de profesionales de salud mental. Recuperado de https://affirminglgbtq.com/wp-content/uploads/2023/11/ReporteENG.pdf

Referencias

Barrientos, J. (2019). La investigación social sobre las violencias hacia las personas LGBTQ+. En Varios Autores (Ed.), Mucho género que cortar: Estudios para contribuir al debate sobre género y diversidad sexual en Chile. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/362658696_GEDIS-MUCHO_GENERO_QUE_CORTAR_Santiago_2022

Boden-Stuart, Z., McGlynn, N., Smith, M. C., Jones, H., & Hirani, R. (2022). Pathways between LGBTQ migration, social isolation and distress: liberation, care and loneliness. Recuperado de https://research.brighton.ac.uk/files/33527541/Pathways_between_LGBTQ_migration

Galaz Valderrama, C., Cea, P., Molina, D., Castro, D., & Ortega, M. J. (2022). Una mirada interseccional a las prácticas de salud en Aysén. Procesos de racialización en Chile. Quaderns de Psicologia, 23(3), 1–21. https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.1750

Goetz, T. G., & Keuroghlian, A. S. (2024). Gender-affirming Psychiatric Care (T. G. Goetz & A. S. Keuroghlian, eds.). American Psychiatric Association Publishing.

Martínez, C., Tomicic, A., & del Pino, S. (2019). Disparidades y Barreras de Acceso a la Salud Mental en Personas LGBTI+: El Derecho a una Atención Culturalmente Competente. En F. Vargas Rivas (Ed.), Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2019 (pp. 397–446). Ediciones Universidad Diego Portales.

Reyes Espejo, M. I., Mayorga, C., & Araújo Menezes, J. de. (2017). Editorial: Psicología y Feminismo – Cuestiones epistemológicas y metodológicas. Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, 16(2). https://doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol16-Issue2-fulltext-1116

Zeeman, L., Sherriff, N., Browne, K., McGlynn, N., Mirandola, M., Gios, L., … De Sutter, P. (2019). A review of lesbian, gay, bisexual, trans and intersex (LGBTI) health and healthcare inequalities. European Journal of Public Health, 29(5), 974–980. https://doi.org/10.1093/eurpub/cky226